
«Esto lo que es, es ansiedad…tienes que relajarte y no obsesionarte. Te recomiendo ir al psicólogo»
Sudorosa, joven e inexperta, estaba ante una bata blanca. Tras 15 minutos de conversación, escuché estas palabras. Era una de mis (muchas) consultas ginecológicas para comprender por qué de la noche a la mañana mi vida se había puesto patas arriba por un diagnóstico de dolor crónico sin causa conocida.
Ante una etiología desconocida, enfermedad de origen no especificado o síntomas sin diagnóstico, es muy frecuente que algunos sanitarios saquen su último as en la manga: el de la salud mental.
Entendedme, yo ya estudiaba el grado de psicología. Yo no tenía prejuicios con la figura del psicólogo. Yo, se supone, estaba abierta y preparada para recibir psicoterapia. No me debería de haber molestado ese as en la manga.
Pero en ese momento, me hirvió la sangre. Sentí ira, tristeza, rabia y frustración, como tantos otros pacientes en situaciones similares.
En su momento, no supe ponerle palabras a mis pensamientos.
Ahora, entiendo que en esa corta interacción, hubo muchos errores por parte de mi médico: mensajes injustos que constantemente llegan del entorno, de la sociedad, e incluso, de nosotras mismas.
Años después, en consulta, me he encontrado con muchísimos/as pacientes que han recibido un mensaje similar.
Vamos a desgranarlo, para que si tú, que lees esto, has atravesado una experiencia parecida, puedas reflexionar, procesar y sanar.
Es ansiedad (…)
Es cierto que la ansiedad y el estrés tienen un impacto negativo en muchas enfermedades físicas. En otras tantas, el impacto es nulo o poco significativo.
La relación mente-cuerpo es compleja y hay que ser cuidadosos al establecer relaciones de causa y efecto. Muchas veces el paciente experimenta estrés reactivo o ansiedad reactiva, es decir, consecuencia, y no causa, de su enfermedad física. De cualquier manera, afirmar que tu dolor crónico es ansiedad, sin una evaluación exhaustiva, es como mínimo, imprudente. Reducir tu compleja constelación de síntomas a una etiqueta de salud mental sin haber explorado otras hipótesis, irresponsable.
Tienes que relajarte. Y no obsesionarte (…)
Si no puedes dejar de pensar en tu enfermedad, condición, o síntoma, sé que no es porque no quieres, sino porque ahora mismo, no puedes. Decirle a alguien que no se obsesione no es muy efectivo. Pertenece a la familia de «no lo pienses», hermano gemelo de «relájate» o «todo es cuestión de actitud», primo hermano de «anímate» y tío abuelo de «si no lo haces es porque no quieres». No soy muy apreciativa de esa familia.
Por suerte, en psicoterapia podemos trabajar el espacio mental y emocional que ocupa tu enfermedad en tu día a día. Es a través de este trabajo arduo con herramientas concretas y ayuda profesional, que podremos dejar espacio a otras áreas vitales. No es cuestión de actitud, voluntad o ganas. Es cuestión de ciencia.
«Te recomiendo ir al psicólogo»
En realidad, esta parte del mensaje estaba bien. ¡Ve al psicólogo, porque mereces cuidar tu salud mental! Mereces tener un espacio donde expresarte, donde ordenar ideas, donde poder procesar todo lo que te está ocurriendo. Donde trabajar emociones complejas como la ansiedad, el estrés o la desesperanza. No obstante, no vengas al psicólogo porque crees que estás loco/a, histérico/a, obsesionado/a o porque te han dicho de alguna manera que «todo está en tu mente». O si no puedes evitar pensar esto, ven con estas creencias, y las revisaremos juntas.
El emisor de esas palabras no acabó siendo el médico que me acompañó…
Afortunadamente, hay muchísimos médicos/as, sanitarios/as, amigos/as y familiares con una mirada global, compasiva e informada, que no asumen, etiquetan o culpabilizan. A ellos, les agradezco de corazón su ayuda en mi camino.
Si tú, que lees este blog, alguna vez has recibido un mensaje parecido, me gustaría dejarte las palabras que a mí me hubiera gustado recibir aquel día. Son palabras universales para cualquier persona que atraviesa una enfermedad o una pérdida de salud, y se encuentra en un momento de búsqueda de respuestas.
«Reconozco lo duro que es navegar tu enfermedad. Dice mucho de ti que sigas buscando respuestas, y quiero decirte que compartimos la responsabilidad de encontrarlas.
Aunque aún no hemos encontrado lo que te pasa, vamos a seguir contemplando opciones. Mientras tanto, creo que tenemos que recordar que cuando alguien atraviesa cualquier proceso de enfermedad, es importante cuidar todas las esferas vitales: la alimentación, la actividad física, la salud emocional, el descanso, el sueño, el apoyo familiar… Es importante darle un valor muy grande a tu bienestar.
Si quieres, podemos contemplar la posibilidad de que te apoyes en profesionales para cuidar estas áreas. Estoy segura de que paso a paso será más fácil gestionar esto que te está pasando, y entre tú y tu equipo de profesionales iréis encontrando las piezas del puzzle que es ahora tu salud«
